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Blog · 28 de agosto de 2026

Cómo editar textos borrando el 10% que sobra

Si buscas cómo editar textos para que se lean mejor, empieza por una regla simple: el segundo borrador debe ser el primero con un 10% menos de palabras. No porque lo breve siempre sea mejor, sino porque el primer borrador casi siempre trae equipaje.

Ese equipaje suele aparecer en cuatro sitios: el calentamiento antes de entrar en materia, las repeticiones que explican dos veces lo mismo, los adverbios que intentan empujar una frase débil y el resumen final que nadie pidió.

Editar no es maquillar. Editar es decidir qué frase se queda porque ayuda al lector y qué frase se va porque solo tranquiliza al autor.

El primer borrador sirve para pensar, no para publicar

El error habitual es exigirle al primer borrador que sea claro, útil y publicable a la primera. Eso casi nunca pasa. El primer borrador mezcla la idea, la búsqueda del tono, las vueltas mentales y alguna frase escrita solo para arrancar.

Por eso conviene separar escribir de editar. Cuando escribes, bajas material. Cuando editas, eliges. Si intentas hacer las dos cosas a la vez, acabas frenándote antes de entender qué querías decir.

La regla del 10% funciona porque te obliga a mirar el texto con una pregunta concreta. No pregunta si te gusta. No pregunta si suena bien. Pregunta qué puede desaparecer sin que el texto pierda fuerza.

En posts para X, LinkedIn o un blog, esa pregunta es especialmente útil. La atención del lector no se pierde solo por falta de interés; muchas veces se pierde porque tiene que atravesar demasiado texto antes de llegar a la idea.

Corta el calentamiento antes de tocar nada más

El calentamiento es todo lo que escribes antes de atreverte a decir lo que venías a decir. Suele sonar razonable, educado y correcto, pero retrasa la entrada. En un post, ese retraso pesa mucho.

Busca el primer párrafo que contiene una afirmación real. Muchas veces no está al principio, sino en la tercera o cuarta frase. Cuando lo encuentres, prueba a empezar ahí. Si el texto mejora, lo anterior era andamio.

Frases como “en el mundo actual”, “cada vez es más importante” o “todos sabemos que” rara vez aportan algo. Preparan el terreno, sí, pero el lector no ha venido a ver cómo preparas el terreno. Ha venido a entender una idea.

Un buen inicio no tiene que ser agresivo ni brillante. Tiene que colocar el problema o la promesa con claridad. Si vas a hablar de edición, empieza hablando de edición. Si vas a defender una regla, pon la regla pronto y luego demuéstrala.

Elimina repeticiones que parecen matices

Repetir no siempre es malo. A veces una idea necesita volver con otra forma para fijarse. El problema aparece cuando dos frases hacen el mismo trabajo y ninguna añade una precisión nueva.

Una forma sencilla de detectarlo es leer cada párrafo y preguntarte qué cambia si quitas la segunda frase. Si el párrafo sigue diciendo lo mismo, esa frase sobra. Si cambia el tono pero no el sentido, quizá también sobra.

Las repeticiones se cuelan más cuando escribes desde una idea hablada. Al hablar, rodeamos el punto, volvemos, probamos una palabra distinta y rematamos varias veces. Eso es natural. De hecho, capturar ideas hablando puede ser una forma muy buena de no perderlas cuando aparecen en medio de otra cosa. Pero al publicar, la oralidad necesita poda.

No confundas voz propia con dejarlo todo dentro. Tu forma de escribir no está en cada rodeo, sino en la manera de mirar, ordenar y elegir las palabras. Editar no aplana tu voz; le quita interferencias.

Desconfía de los adverbios de relleno

Los adverbios no son enemigos. El problema son los que entran para compensar una frase floja. “Realmente”, “claramente”, “simplemente”, “totalmente” o “básicamente” suelen pedir una revisión.

Si escribes “esto es realmente importante”, prueba a quitar “realmente”. Si la frase pierde fuerza, quizá el problema no era el adverbio, sino que no explicaste por qué era importante. La edición buena no solo borra; también revela dónde falta precisión.

Lo mismo ocurre con intensificadores como “muy”, “mucho” o “bastante”. A veces son necesarios. Muchas veces son una señal de que necesitas un verbo mejor, un ejemplo más concreto o una frase menos vaga.

No hace falta convertir cada texto en una pieza seca. La calidez no está reñida con la limpieza. Puedes sonar humano sin llenar cada línea de muletas.

Quita el resumen final si solo repite el post

Muchos textos terminan con un resumen automático de lo que ya han dicho. Parece útil, pero a menudo funciona como una despedida administrativa. El lector ya ha entendido el punto y tú vuelves a empaquetárselo.

Antes de cerrar con “en resumen” o “en conclusión”, pregúntate si el cierre añade algo. Puede añadir una consecuencia, una pregunta práctica o una frase que deje al lector con una decisión. Si solo enumera lo anterior, córtalo.

Un cierre útil puede ser breve. Por ejemplo, después de editar un post, no necesitas repetir que hay que cortar calentamiento, repeticiones y relleno. Basta con dejar una instrucción accionable: abre tu último borrador y quítale una de cada diez palabras.

Esa es la gracia de la regla. No exige inspiración, ni una tarde libre, ni convertirte en editor profesional. Te da un gesto concreto para mejorar lo que ya has escrito.

Preguntas frecuentes

¿Cómo editar textos sin cambiar mi estilo?

Corta lo que no añade sentido, no lo que te hace sonar a ti. Tu estilo está en la mirada y en las decisiones, no en las repeticiones ni en las frases de calentamiento.

¿La regla del 10% sirve para textos largos y cortos?

Sí, porque no depende del formato. En un post corto quizá cortes una frase; en un artículo, varios párrafos. La idea es obligarte a buscar lo prescindible.

¿Qué debo revisar primero al editar un post?

Empieza por el inicio. Si las primeras frases solo preparan el tema, prueba a borrarlas y arrancar donde aparece la idea real.

¿Es mejor editar justo después de escribir?

Si puedes, deja algo de distancia antes de editar. Cuando vuelves al texto con la cabeza más fría, detectas antes lo que sobra.